Es la pregunta la que nos impulsa...

BIENVENIDOS.

La idea de este espacio es que en él podamos compartir lo que vamos construyendo en las clases, animarnos a pensar la realidad educativa y desde aquí transitar el camino.

Queremos intentar quitar los velos que oscurecen el apreciar y conocer las cosas o seres tal cual son, de ahi que nuestro espacio se denomine Aletheia.

Al mismo tiempo quiero tomar el desafio que Kant nos hace con su famosa frase "SAPERE AUDE": atrévete a pensar por vos mismo !!!

Espero que todos nos animemos y tengamos el valor para no dejar que sean "otros" los que piensen por nosotros, porque tampoco es deseable que otros "vivan por nosotros".




miércoles, 16 de febrero de 2011

Breve ensayo sobre la educación

El ser educador en estos tiempos, está atravezando por los interrogantes de para qué aducamos y si estamos verdareramente capacitados para ser educadores, darnos cuenta de cual es el verdadero sentido de educar en estos tiempos de libertad y según algunos educadores de falta de limites y de respeto hacia las instituciones, en especial la aducativa de parte de los aducados y de los padres en muchos casos.
Creo que uno de los principales sentimientos que hay que superar para ser buenos educadores es no ser discriminadores hacia los alumnos que viven en las villas, los que cobran subsidios, etc.
Superado este primer sentimiento, tenemos que capacitarnos para educar, por que nosotros arrastramos una manera en la cual nos aducaron, que creo debe ser muy dificil de erradicar, primero por nuestros padres nos mandaban a estudiar para lograr un título profesional, sin importar la formación del ser humano de adquirir valores, y con el título para conseguir un buen empleo, formar una familia. Pero ahora pensando asi, en estos tiempos donde tener un título no es seguridad de nada, el fin de la escuela con este pensamiento no queda desvirtuado, a pesar de que muchos padres piensan asi.
Otro tema es la formación de los educadores, los cuales tienen que estar capacitados, abiertos a nuevas experiencias, en especial tratar de despertar la curiosidad y el intercambio de experiencias con los alumnos, para que el educador se enriquezca con la experiencia de los educadores, y asi poder lograr encontrar otros métodos de enseñanza, para llegar a despertar la curiosidad del aducando por la materia que uno esta enseñando. El que pueda explayarse, e intercambiar ideas dentro de un respeto mutuo y tal vez, en ese intercambio, lograr un método para que se expresen mejor y no inhibirse ante un grupo de personas.
El enseñar exige investigar; y al decir investigar, me refiero a buscar métodos de enseñanza, tratar de ser metódico en la enseñanza tratando de lograr ésta y que sea ameno para el alumno y no se duerma en el aula .

Enrique Antonio Molas

martes, 15 de febrero de 2011

educacion 2011

Introducción

Un breve resumen de la bibliografía de leída de Paulo Freire (La educación como práctica de la libertad y Cartas a quien pretende enseñar 3)

Según Freire la práctica educativa esta enfocada en crear en los hombres y mujeres, conciencias critico-analíticas que les permitan liberarse de la manipulación. Freire consideró la relacionentre docente-alumno como un elemento clave en su de alfabetización; debido talvez a que es un hecho inherente del hombre. Entendía esta relacion como un acto político; para su pedagogía los instrumentos de dialogo son una necesidad claramente establecida, como también lo es la dignidad humana. En general su pensamiento se destacó por su interés en las posibilidades humanas de creación y libertad en medio de situaciones políticas, económicas y culturalmente opresivas. Su meta era encontrar las formas concientizadoras del individuo, por medio de la interacción y la educación de los pobres, logrando que estos conozcan y transformen su situación social a través de la alfabetización de las masas. Freire propone un enfoque educativo en el cual la reflexión yace en la accion, y en la critica se fundamenta en la práctica. Para este pedagogo el hombre es parte del mundo, es un ser de relaciones, no solamente de contactos, debe ser un ser integrado y activo con los demás; considera que mientras el animal solo puede adaptarse, entrando en contacto con la realidad, el hombre puede interactuar con ella, transformándola y aportando a su cultura. El método de Paulo Freire no violenta al individuo, más bien se adentra con suavidad y concientiza; logrando la comprensión de la situación social, para luego comprender la situación del entorno global.

Desarrollo


Para conseguir esto es vital y fundamental que se trabaje conjuntamente con la comunidad que los rodea, ya que ella es parte educadora y agente socializador de los alumnos. Los factores económicos, sociales, culturales, religiosos, entre otros, que forman parte de una comunidad se deben ver reflejados en la educación, así como en la relación entre el educando y el educador.

Todos estos hechos, consideramos que facilitan el camino decomunicacion, haciéndola más efectiva y significativa, tanto para lo seducadores como para los alumnos, consiguiendo con esto que la relación (docente – alumno – comunidad), se lleve a cabo con un buen final.

Este intercambio debe realizarse en un cordial clima por ambas partes, ya que solamente se obtienen frutos cuando se trabaja en un lugar de tranquilidad y tolerancia mutua, benéfico para todos los involucrados en la tarea.

El propósito de la educación es establecer una relación de ayuda para que educadores y educandos a través de su experiencia dentro del fenómeno educativo, cumplan una parte de su vida formandose a ser hombres, y se preparen para ir cumpliendo las etapas de la vida.

Es importante tomar en consideración que la práctica educativa se debe considerar como el proceso como un trabajo creativo, congruente y responsable, en la medida en que la educación debe estar dirigida al conocimiento. Por lo tanto el eje de la relación educador-educando deberá ser, como elemento unificador del proceso enseñanza-aprendizaje.

El educador debe dejar de ser el centro de la actividad académica, y pasar a ser un facilitador del proceso de aprendizaje. En este sentido, el elemento más importante en la enseñanza-aprendizaje, es definitivamente el educando.

Considerando al secundario como el primer nivel universitario, en el que el sujeto central del proceso educativo es el educando, y que el medio fundamental de este proceso es la relación educador-educando, se pretende:

· Que sea la continuación del proceso de educación integral, en el que el educando participe en la comprensión, análisis y juicio crítico del conjunto de valores universales involucrados en la evolución de la ciencia, la tecnología y el desarrollo humano en general.

· Que sea formativo, de tal manera que el educando desarrolle habilidades y actitudes que promuevan en forma objetiva, lógica, analítica y crítica, el razonamiento, su comunicación y su expresión. Esta formación le permitirá asumir una posición responsable y solidaria con su entorno.

· Concientizar al educando de su papel en la sociedad, permitiéndole que desarrolle criterios para juzgar, actuar y participar comprometidamente en los fenómenos sociales con propósitos de transformación.

· Proporcionar al educando las bases fundamentales para la comprensión y ejercicio de conocimientos, lenguajes y métodos referentes a las diversas disciplinas y su aplicación al contexto sociocultural.

· Proporcionar al educando las bases científicas, tecnológicas y humanísticas indispensables para sus estudios superiores.

CONCLUSIONES

. La única esperanza que nos queda para superar el estado en que se encuentra hoy la educación, trágico en cuanto al peligro de la desnaturalización de su misión, reside en recrear la perdida confianza social en su valor. La situación actual sólo podrá mejorar si un número creciente de ciudadanos (creo que ya están empezando) logra comprender que en la educación se aloja la única posibilidad de conseguir personas más completas y economías más competitivas así como sociedades democráticas más responsables y justas. Que la principal amenaza para el futuro se está generando en las distorsiones de este, nuestro desencantado mundo actual. Toda persona que abraza la carrera docente tiene bien clara la importancia de su labor como colaborador imprescindible del proceso de crecimiento personal y preparación para la vida. Un educador que enfrenta la realidad con mentalidad positiva y utiliza los conocimientos como herramientas para poner a los educandos en contacto con la vida, logra que éstos se motiven. La motivación es un deseo que nos impulsa a hacer algo y desempeña siempre un papel fundamental en la conducta humana y social, favoreciendo el rendimiento en el trabajo y ayudando a que cada individuo encuentre las estrategias más adecuadas a su personalidad. Si bien una gran cuota de responsabilidad corresponde al docente, debemos tener bien claro que el proceso educativo es un fenómeno social y colectivo, lo que implica que también existe una cuota de responsabilidad por parte de los padres, y fundamentalmente, del propio estudiante.
Este intercambio debe realizarse en un clima cordial por ambas partes, ya que solamente se obtienen frutos cuando se trabaja en un ambiente de tranquilidad y tolerancia mutua, benéfico para todos los involucrados en la tarea. Hay que finalizar con las situaciones, lamentablemente bastante frecuentes, en las cuales se crea un enfrentamiento entre el educador y los educandos debido a que cada uno de ellos piensa que posee la razón absoluta y no realiza un esfuerzo por flexibilizar la situación. Si todos ponemos empeño, seguramente lograremos que la transformación y realización de los seres humanos, objetivo fundamental de la educación, constituya un encuentro cálido y auténtico entre todos los involucrados, que obtenga como resultado una verdadera mejora en la calidad de vida de los participantes y la totalidad de las personas directamente relacionadas a ellos.

Frutos Marta Patricia

Ser docente - Temporada 2011


  • Introducción
    Como estudiante del profesorado, cuando llega el momento de asumir la tarea docente, me invade una pregunta fundamental: qué se necesita para cumplir eficazmente el rol docente. En torno a este interrogante se desarrolla el presente trabajo tomando como referencia reflexiones de Paulo Freire en Cartas a quien pretende enseñar (primera carta: Enseñar – aprender. Lectura del mundo – lectura de la palabra) y en Pedagogía de la autonomía. También se tendrán en cuenta para el análisis, los desafíos actuales que la sociedad demanda del docente, la competencia profesional, actualización permanente y la voluntad y capacidad para manejar y enseñar Tics.

  • ¿Qué se necesita para poder cumplir eficazmente con el rol docente?
    Con mucha naturalidad la primera respuesta que viene a la mente es por supuesto: “el saber” de aquella materia a enseñar. Es cierto que es poco probable que quien sabe mucho respecto a alguna disciplina no sea un apasionado por ella, sin embargo, no siempre esa pasión disciplinar está acompañada por una “pasión docente” o por un compromiso con el aprendizaje de quien se tiene en frente. Cuando pensamos en el nivel de educación secundaria, debemos afirmar también que el buen docente no lo es por cuánto sabe acerca de su disciplina o por cuánto demuestra o aparenta saber sobre ella, sino por lo que es capaz de provocar en sus estudiantes, ya que si no logra provocar curiosidad, disposición afectiva, entusiasmo, interés y tal vez, pasión por saber más, importa muy poco cuánto sepa de su disciplina. Pero, ¿no es precisamente cuánto sabe un docente acerca de su disciplina lo que puede provocar todo aquello en sus estudiantes? Pues pareciera que si ese saber no va asociado a su propia disposición personal y afectiva tanto hacia su disciplina como hacia el aprendizaje de sus estudiantes, de nada le vale. Por otra parte, el docente que se interesa en la formación de un individuo tanto a nivel académico como personal, no se centra en lograr que el alumno obtenga los conocimientos por mera transmisión –eso no es enseñar– sino en que ese educando logre entender determinados conceptos, tenga curiosidad por aprender y disfrute haciéndolo, es decir, que el alumno aprenda de manera voluntaria y no para conseguir una calificación. En este sentido, el buen profesor es el que consigue, mientras habla y utilizando como piedra fundamental a la curiosidad (porque sin ella no se aprende ni se enseña), traer al alumno hasta la intimidad del movimiento de su pensamiento.
    Ahora bien, la mayor preocupación está en cómo lograr que los estudiantes se introduzcan en el campo del saber y qué contenido enseñar, es decir ¿enseñar lo prescripto en el diseño curricular, o lo que los educandos necesitan para su inserción laboral? Esta situación, como muchas otras, supone la disposición de un mirar hacia fuera, de mirar al otro y su contexto, respetando siempre a los educandos (su dignidad, su ser en formación, su identidad en construcción), esto implica una toma consciente de decisiones y responsabilidad, sin dudas, un pensar acertadamente e inacabado para afrontar tanto la competencia profesional como el compromiso, pero siempre sin olvidar los fines educativos y la capacitación docente. Hoy, temporada 2011, me pregunto y les pregunto:
     ¿Se pone énfasis en el aprendizaje más que en la enseñanza?
     ¿Se adapta el diseño curricular de manera tal que sea atractivo y con contenidos significativos para el estudiante?
     ¿Se cumple lo establecido en el artículo 16 inciso l de la ley provincial de educación?
    “Asegurar … y el desarrollo de los conocimientos necesarios para el manejo de las plataformas y los lenguajes producidos por las tecnologías de la información y la comunicación, en todos los Ámbitos, Niveles y Modalidades del Sistema Educativo Provincial.”
     ¿Y el inciso z?
    “Capacitar en forma permanente, en servicio, fuera del horario escolar y laboral con puntaje y gratuitamente a los docentes y no docentes del Sistema Educativo Provincial.”
    Hoy, mi experiencia discente es fundamental para la práctica docente que tendré mañana, porque es viviendo críticamente mi libertad de alumna como me preparo para asumir mañana el rol docente. Para eso, debo tener como objeto de mi curiosidad las experiencias que vengo teniendo con varios profesores y las mías propias. Particularmente, puedo afirmar que en el espacio de la práctica docente es más frecuente encontrar expertos que olvidaron lo que es y lo que se siente siendo novato en una disciplina, que expertos comprensivos, dispuestos a las ingenuidades, los errores y las dificultades del novato. En este sentido, es oportuno citar el pensamiento de Freire cuando dice:

    “Sé qué ignoro y sé qué sé. Por eso, tanto puedo saber lo que todavía no sé como puedo saber mejor lo que ya sé; y sabré tanto mejor y más auténticamente cuanto más eficazmente construya mi autonomía respecto a los otros”.

    No sé cómo seré, pero sí sé que necesito ir leyendo cada vez mejor la lectura del mundo, y respetar la lectura de mundo del educando, porque en el fondo, lo esencial en la relación entre educador y educando, es la reinvención del ser humano en el aprendizaje de su autonomía, es el respeto al educando, a su saber "hecho de experiencia" y mi coherencia entre lo que digo, lo que escribo y lo que hago.
    Si hablamos de coherencia, la enseñanza 2011 debe ser coherente a los requerimientos sociales actuales. Como sabemos, la incorporación de las Tics en la vida cotidiana, ya sea para uso personal, laboral o de estudio, ha sido progresiva. Hoy se las considera como herramientas potenciadoras y facilitadoras de los procesos de enseñanza y aprendizaje porque, teniendo en cuenta que la alfabetización en y a través de las Tics implica mucho más que incorporar computadoras en las escuelas, es ante todo, la posibilidad de promover una actitud creativa y crítica sobre aquello que circula a través de los medios audiovisuales/digitales, y porque construye el sentido de los discursos y la información. En este sentido si los alumnos transitan su etapa educativa con prácticas que incluyan estos medios y docentes capacitados, mejorarán sus criterios para adecuar el modo de intervención a distintas situaciones comunicativas.
    La pregunta, entonces que me formulo es cómo tendría que ser un docente temporada 2011.
  • Conclusión: Docente temporada 2011
    El docente –temporada 2011– debe servir de guía en la formación de los individuos, una especie de artesano que moldea su obra, la detalla y pone en ella todo su esfuerzo, para que en el futuro sus alumnos sean mejores individuos, para que puedan desarrollarse como personas dignas y puedan alcanzar la felicidad a través de la educación. Sin embargo, no se trata de una labor fácil e inmediata, pero tampoco imposible.
    En mi opinión, algunas características que debiera tener el docente 2011 serían: el goce con la realización de su trabajo (capacitación y actualización); su disfrute personal en el aprendizaje; poseer ese casi recurso inagotable: la “paciencia” ante determinadas situaciones que puedan tener lugar en el aula; una profunda valentía, para afrontar situaciones; debe dominar la materia que imparte; tomar la decisión correcta; saber actuar ante los progenitores sin tachar al alumnado con adjetivos negativos que puedan desfavorecerlo o dañarlo moralmente; no ceñirse al currículum programado pero si poseer un currículum oculto basado en los valores. Como educadores, sabemos que la escuela cumple un rol importante en la formación de los alumnos como seres humanos sociables y transcendentes, de manera tal que los docentes tienen en sus manos la educación, la cual no se trata solo de enseñar para aprender a “hacer” en el mundo, sino de aprender a “ser” humano. Por lo tanto, el docente, en coherencia con sus actos, debe edificar en sus alumnos valores humanos orientando la educación hacia la formación de una sociedad con valores democráticos, responsables de sus deberes cívicos, con capacidad de adaptación, con sentido crítico -capaces de reconocer lo bueno y lo malo- desarrollando en los alumnos un lenguaje fluido que le permita poner en palabras sus pensamientos y no en actos violentos.
    Por último y no menos importante, en este proceso de profesionalización no debemos descuidar la pasión sin perder la razón. En palabras de Andy Hargreaves:

    “La buena enseñanza no es sólo una cuestión de ser eficiente, desarrollar competencias, dominar técnicas y poseer la clase de conocimiento correcto. La buena enseñanza también implica el trabajo emocional. Está atravesada por el placer, la pasión, la creatividad, el desafío y la alegría. Es una vocación apasionada”.
  • Bibliografía
     Andrés Brenner, Daniel Berisso, Pablo Cifelli, Segundo Congreso de Educación Superior, Perfil ético político de la práctica docente en: , consulta [12 de febrero del año 2011].
     Freire, paulo, Cartas a quien pretende enseñar, primera carta: Enseñar – aprender. Lectura del mundo – lectura de la palabra, (pp. 28-42). México, D.F.: Siglo Veintiuno Editores.
     Freire, paulo, Pedagogía de la autonomía: saberes necesarios para la práctica educativa, Paz e Terra S.A., Sao Paulo, 2004.
     Ley de educación de la provincia de Buenos Aires N° 13688.

  • Autor: Cristina Castro González

lunes, 14 de febrero de 2011

La educación como práctica de la libertad (Paulo Freire)

Introducción

El desarrollo del presente ensayo gira en torno a la selección de tres capítulos del denominado libro: “La educación como práctica de la libertad de Paulo Friere, por lo que se describirá brevemente, cada uno, realizando al final una conclusión relacionándolo con los puntos solicitados por el docente.

Desarrollo

La educación como práctica de la libertad (Paulo Friere)
Durante la lectura del libro se puede observar que el autor describe y explica con claridad cuál es la situación de aquel momento que estaba transcurriendo nuestro país vecino, la cual fue similar al resto de Latinoamérica.
En uno de sus capítulos, La Sociedad Brasileña Entra en Transición, nos cuenta en qué situación el hombre está inmerso y nos hace ver quiénes son los responsables de que la mayor parte de esa sociedad no progrese, no conviniéndole que haya una educación verdadera definiéndola él como praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo.
Esa parte de la sociedad que ejercía la supremacía en Brasil (sextarios), sobre todo los de derecha que les convenía una democracia en la que el pueblo es un enfermo al que se le debe aplicar remedios; y su enfermedad es precisamente no tener voz y participación.
También las fuerzas internas, reaccionarias en torno de intereses latifundistas que pretendía aplastar la democratización, se le sumaron las fuerzas internas interesadas en que la sociedad Brasileña no se transformara (aplicando soluciones asistencialistas).
El asistencialismo es una forma de acción que roba al hombre condiciones para el logro de las necesidades fundamentales de su alma; la responsabilidad.

Las causas

En el capítulo II “La Sociedad Cerrada e Inexperiencia Democrática”, el autor relata el porqué de esta sociedad y democracia en el Brasil; donde este país nació y creció dentro de condiciones negativas con respecto a la experiencia democrática.
Su colonización fue sobre todo una empresa comercial; sus colonizadores no tuvieron intensiones de crear, en la nueva tierra y recién descubierta, una civilización. Les interesaba la explotación comercial de las tierras.
Les falto integración con la colonia, con l nueva tierra; su intención preponderante era realmente explotarla, la de permanecer sobre ella, no la de permanecer en ella y con ella, integrados.
La colonización marcho en el sentido de la gran propiedad, de la estancia, del ingenio.
Tierras grandes, entregadas a una sola persona que se apropiaba de ella y de los hombres que venían a probarla y a trabajarla.
Así fue como se fue desarrollando el hombre Brasileño, acá se hayan las raíces del mutismo a la cual llama Freire.
Las sociedades a las cuales se les niega el dialogo y la comunicación y en su lugar se le ofrecen comunicados, se hacen preponderantemente mudas; no hay dialogo.
El dialogo implica la responsabilidad social y política del hombre.
Seria sobre esta vasta inexperiencia caracterizada por una mentalidad feudal, alimentándonos de una estructura económica y social enteramente colonial sobre la que inaugurarían el intento de un estado formalmente democrático.
En la década, del veinte al treinta, cuando el desarrollo industrial desordenado recibió un gran impulso, el surgimiento de ciertos centros urbanos; la identificación con la realidad nacional y su conocimiento lleva a la búsqueda de una planificación sustituyendo así esquemas importados. Esto provocaba choques entre los viejos y nuevos temas.


Capítulo III Educación versus Masificación
El autor hace hincapié en lo importante que es una verdadera educación al pueblo y estaban convencidos de que la contribución del educador Brasileño a su sociedad en nacimiento debería ser de una educación crítica y critisista.
La mayor parte del pueblo, que emerge desorganizado ingenuo y desesperado, con fuertes índices de analfabetismo y semi analfabetismo llega a ser juguete de los irracionalismos.
Para lograr cambios el hombre debería ganar su responsabilidad social y política, viviendo esas responsabilidades, participando, ganado cada vez mayor injerencia en los destinos de la escuela de su hijo, en los destinos de su sindicato, de su empresa atreves de los gremios, clubes y consejos.
Así ayudarían al hombre Brasileño en el clima cultural de la fase de transición a aprender democracia en la propia vivencia de esta.
 
Conclusión

Esta muy claro en los capítulos expuestos lo que Freire nos relata y cuenta y lo que aun es más importante y siempre resalta es la clase de educación que el pueblo tiene que recibir para formar hombres con responsabilidad social y política. Esto debe ser acompañado por un gobierno que se preocupe de su pueblo.
La educación verdadera a la que hace referencia el autor, hace crecer al hombre y le da alas para soñar como una verdadera libertad. Por esto y mucho más creo que estos son los fines de la educación.
La libertad a la cual se menciono, debe tener relación a la persona del educador y educando; en este punto Freire nos explica lo importante que es, que haya una interacción y un trabajo mancomunado.
El educador tiene que estar disponible para repensar lo pensado; para saber cuáles son las curiosidades del alumno y los diferentes caminos y senderos que ella lo hace recorrer.
Como menciona el autor, no solo aprende el educando sino también el educador aprende al enseñar.
No solo creo que en este año educativo que comienza docentes y alumnos deberíamos replantearnos los roles que cumplimos cada uno y de la importancia de esto; ya que ambos nos nutrimos de la educación día a día y nunca dejamos de aprender. Tiene que haber una constante retroalimentación de la educación que nos brinde la libertad para no ser una sociedad ingenua.

Autor: Fernando Iacovantuono

domingo, 13 de febrero de 2011

FREIRE NOS AYUDA A ABRIR LA PUERTA DEL AULA


Introducción

El presente trabajo busca conjugar la lectura realizada por quien esto escribe de los primeros tres capítulos del libro “Pedagogía de la Autonomía” y la primera de las “Cartas a quien pretende enseñar” (ambos escritos de Paulo Freire) con diversos aspectos del proceso educativo.

Terminada la lectura y puesto a comenzar el presente ensayo, un sinnúmero de palabras, de conceptos se agolpan en mi cabeza. Esperanza, ética, coherencia, cambio, utopía, e inconclusión son sólo algunos de los tantos que intentan salir en tropel y ocupar un espacio en estas líneas.

Muchos de ellos guardan afinidad entre sí; por eso es que los haré salir en grupos y de acuerdo a la importancia que para mí guardan en el proceso educativo. Comencemos entonces la tarea de facilitar que aquello que pugna por salir vea finalmente la luz.

Conceptos de importancia en el acto educativo

- Utopía, esperanza, ética, coherencia y respeto: Estos conceptos aparecen en primer lugar porque a mi entender son los que deben (o deberían) regir no sólo la actividad educativa sino también toda actividad de los seres humanos.

La utopía, aquel sueño inalcanzable, pero que aún desde la distancia emite una luz poderosa; es el faro que nos debe guiar en todo momento. La utopía da fuerza a la esperanza, verdadero motor de nuestras acciones. El creer que es posible alcanzar las metas, el lograr el cambio deseado; nos lleva a obrar, a realizar todo lo que constituye nuestro diario vivir. Un educador sin esperanza, un educador sin sueños es un docente vacío y apático. Pero, a su vez, se convierte él en una persona vacía y apática. Nada de lo que hagamos en este mundo tendrá sentido si no está movido por el gran motor de la esperanza y guiado por la potente luz de la utopía.

Ahora bien, el ser humano en general y el educador en particular deberá moverse y obrar en un mundo rodeado de semejantes. Debemos entender que resultará sumamente difícil, sino imposible, el poder cumplimentar los actos que la esperanza nos mueve a realizar si dichas acciones las efectuamos alejados de los principios de la ética.

¿Pero, qué es ética? Para ello rescataré algunas ideas aprehendidas durante la cursada de una materia, precisamente llamada “Ética”,

La ética relaciona el ser humano con el deber; no entendido éste como obligación sino como libre aceptación de quien, sabiéndose humano, necesita obrar como éste. La ética rige el accionar de los humanos, impidiendo que dicho accionar vaya en contra del propio hombre. El mundo de la ética es, entonces, el mundo de lo que no estamos obligados a hacer pero que debemos hacer para considerarnos así más humanos.

Toda nuestra actividad debería ser regida por la ética, pero esto se torna aún más importante en la práctica docente, en donde la acción va dirigida esencialmente hacia otra persona. Si nuestro accionar como educadores se aparta de dichos principios, si va en contra de los otros, no sólo pierde fuerza sino que se vuelve contraproducente y nocivo, tanto para el otro o los otros, como para con uno mismo.

Y la ética trae de la mano a los otros dos conceptos, la coherencia y el respeto. No se puede ser ético si no se es coherente; si nuestra acción va en contra de nuestra palabra. No podemos ser coherentes (y por lo tanto tampoco éticos) si, por ejemplo, hacemos cumplir los reglamentos y nosotros mismos no lo hacemos; si nos quejamos del bullicio que muchas veces impide dentro de las aulas el desarrollo de las clases y luego hacemos lo mismo en las reuniones de personal; si exigimos que los estudiantes estén a determinada hora en clase y nosotros llegamos tarde; si ponemos plazos de entrega de producciones y luego las devoluciones ocurren con demoras excesivas (y muchas veces ocurren sin una verdadera lectura de dichas producciones). Y lo que es peor: resulta de una carente falta de coherencia (hecho éste observado en muchos colegas) manifestar expresamente no mandar a nuestros hijos a la escuela pública por “ser desastrosa”; siendo nosotros mismos parte integrante de dicho sistema. El ámbito de la coherencia debe darse también en el resto de nuestras acciones. Nos quejamos de que las leyes no se cumplen y cruzamos los semáforos en rojo o circulamos en sentido contrario al permitido; vamos en contra de los grandes evasores y le pedimos una rebaja al comerciante si no nos hace la factura; ponemos el grito en el cielo por la contaminación y el calentamiento global y arrojamos los papeles a la calle a la vez que sacamos el árbol de la vereda porque “las hojas me la ensucian”. Y así podríamos seguir hasta el cansancio. En la medida que nuestros actos se aparten de la coherencia, se apartarán a su vez de la ética.

Lo mismo pasa con el respeto. Y el principal respeto no pasa por el trato hacia tal o cual sino por algo más profundo que es el respeto por la vida. Y el término vida no sólo abarca a nosotros, los seres humanos, sino también a todo los que nos rodea, vegetales y animales. Todos tienen su mundo, todos tienen el derecho a vivirlo y es tomando conciencia de esto cuando se empieza a ejercer el respeto hacia el otro, hacia los otros. Si no respeto, pierdo coherencia y por ende mis actos se apartan de la ética y nos dificulta alcanzar los sueños a los que nos lleva la esperanza guiada por la utopía.

-Naturaleza, inconclusión, elección, libertad y aprendizaje: a pesar de lo que digan las distintas posturas reduccionistas, el hombre posee una naturaleza propia, que en parte se asemeja a otros seres vivos y en parte se diferencia de ellos. El ser humano no sólo es razón, ni un constructo social, ni lo que quiere ser; sino que tiene una naturaleza propia que lo mueve, lo “obliga” a obrar en su favor y en la cual cumple una función primordial el intelecto. El intelecto es quien procesa las impresiones de los sentidos y “arma” la realidad, estableciendo un intercambio dialéctico con las distintas emociones que los sentidos despiertan (se nutre de ellas y a la vez las gobierna).

Y en la medida en que construimos el mundo, también nos construimos nosotros por eso el autor bien dice que somos “inconclusos”. Nuestra naturaleza es inconclusa y nos mueve a seguir con la obra de construcción. Es ahí donde surgen las distintas alternativas, los distintos caminos que se pueden tomar. Algunos de ellos siguiendo la ruta que nos traza la naturaleza, otros alejándose de ella. Es el intelecto el que tiene que decidir y es en ese acto de elección donde radica la libertad del ser humano. El ser humano es libre porque elige y esto es un rasgo distintivo de nuestra naturaleza, inexistente en todo el resto de los seres vivos.

Pero para poder elegir, hay que conocer los caminos; entrando entonces a jugar el aprendizaje. Aprender nos permite conocer las alternativas y así poder realizar una mejor elección. Dado que somos inconclusos, que nuestro camino todavía no llegó al final, debemos en consecuencia tener en cuenta que nuestro aprendizaje no se detiene nunca; incluso se produce cuando estamos promoviendo el aprendizaje en los otros.

Estos conceptos son fundamentales porque forman la base de la concientización (tanto de los educadores como de los educandos) y que constituye uno de los fines principales de la educación. El educador primero debe darse cuenta de que tiene una naturaleza que lo hace libre de elegir en libertad los caminos que conduzcan a su propia formación y que ésta no será posible si no es a través de un aprendizaje continuo; para luego tratar de que los educandos logren lo mismo.

Uno de los principales fines de la educación es, en consecuencia lograr que cada uno de nosotros tome conciencia de que somos seres libres y que nuestra libertad radica en poder elegir los caminos a seguir. Pero a su vez es tomar conciencia de que tenemos una naturaleza y que nuestras elecciones no deberían apartarse demasiado de ella; porque de lo contrario correremos el riesgo que nuestra naturaleza (propia e innegable) a la corta o a la larga nos pase la factura correspondiente.

- Condicionamiento y determinismo: Estos conceptos nos hablan de las dificultades que surgirán en el momento de encarar el proceso educativo. Son muchos y poderosos los factores que condicionan el poder tomar conciencia de que es posible cambiar. Hasta tal punto que muchos acaban por rendirse al determinismo, al pensamiento fácil de que “las cosas son así porque lo son y no hay nada más que hacer”. Estos comentarios no sólo provienen de los destinatarios de nuestra acción educativa sino que también, lamentablemente, son muy oídos en boca de los propios educadores.

El determinismo mantiene el status quo de la sociedad actual, el modo de vida que permite que un número muy pequeño de la población acapare más de la mitad de las riquezas del planeta, condenando al cincuenta por ciento de las personas a sufrir padecimientos tales como el hambre, la falta de vivienda digna, etc. A los poderosos no les interesan nada los cambios, sobre todo si éstos traen aparejados modificaciones en el reparto de los ingresos. Para colmo de males ellos son los que manejan los medios de comunicación por lo que pueden bombardear a voluntad las mentes de todos con una variopinta cantidad de mensajes que, en el fondo, se refieren todos a lo mismo: lo que ocurre, ocurre porque así debe ser y de nada sirve que te preocupes por cambiarlo. Miseria, desempleo, violencia, marginalidad, pasan a ser hechos naturales y no producto de elecciones de ciertas personas que eligieron, precisamente, el camino que nos aleja de la naturaleza humana.

Es difícil en consecuencia tomar conciencia de que las alternativas están pero que somos nosotros las que debemos tomarlas, nosotros somos los que debemos construir el camino que nos desvíe del que venimos andando. Es más fácil caer en el determinismo y esperar que, así como alguien instauró nuestra forma de vida, aparezca otro alguien que la cambie.

Estos últimos son, entonces, los obstáculos que se nos presentan en el camino de la educación; aquel camino que debe conducir a lograr la concientización del segundo grupo de conceptos y que sabremos salvar si tenemos bien firme en nuestras mentes y nuestros corazones los conceptos del primer grupo.

Como concepto final voy a mencionar a la humildad. Este es un bien que debe tener toda persona que se dedique a educar y que debe tratar de promoverse (mediante la ejercitación por parte del educador) a los educandos. Nótese que hablo de bien y no de valor. Particularmente prefiero la mención de bienes (mencionada entre otros por Sto. Tomás de Aquino) por la sencilla razón que “valor” es algo dado por las personas, algo que hoy puede valer y mañana no. El “bien”, en cambio es lo que justamente nos hace bien al tenerlo. El diamante tiene valor, dado por los hombres y por la economía; el agua nos hace bien. Los valores pueden cambiar según lo estime la gente; los bienes son intrínsecos a la naturaleza de los seres humanos y es la humildad uno de los principales.

No será posible mantener encendida la utopía ni movernos al empuje de la esperanza si no tenemos humildad. Con soberbia no hay respeto ni podemos concientizar a nadie acerca de su libertad de elección; menos aún nos podremos dar cuenta de nuestra inconclusión y nos cerraremos al aprendizaje necesario para llevarla a cabo. Sin humildad despreciaremos los condicionamientos para finalmente caer vencidos en las garras del determinismo.

Bien, por fin ha salido todo aquello que quería salir. Ahora llegó el momento de ir a clases.

De nuevo a las aulas

Estamos a las puertas de un nuevo ciclo lectivo. Ciclo al que, si bien presenta elementos similares a los anteriores, se le han incorporado otros nuevos desafíos que lo tornan distinto.

En primer lugar diremos que dicho ciclo se desarrollará dentro de un año electoral, en el cual los educadores y un número importante de educandos, elegirán las nuevas autoridades encargadas de conducir los destinos del país por otros cuatro años. Esto quiere decir que viviremos bajo el continuo bombardeo de los medios, tendientes a promover a tal o cual candidato. Verán la luz medidas económicas, acusaciones y la cantidad innumerable de bajezas que habitualmente se producen en estos momentos. Esto repercutirá en el ámbito en el cual desarrollaremos la actividad. Empero, esta situación puede ser perfectamente aprovechada para promover la vida democrática; no realizando “simulacros” de votaciones sino ejerciendo la democracia con nuestra actividad dentro del aula. Claro, esto es muy difícil habiendo tantos colegas que se enorgullecen de “no votar a nadie”, desconociendo por una parte que democracia no es solamente elegir a alguien en particular sino mucho más (organizarse, luchar por los derechos, pedir rendiciones de cuenta, etc) y, por otro lado, sin darse cuenta que, paradójicamente, el no elegir ya constituye una elección (particularmente creo que la peor).

Por otra parte se seguirá acentuando o profundizando la tendencia de transformación de la escuela en algo más que instituciones educativas. Esta delegación de acciones sociales que deberían realizar otros organismos estatales en la escuela demanda una serie de tareas organizativas ajenas a la que son en principio las tareas educativas específicas y para las que muchos educadores no se encuentran debidamente preparados. Como ejemplo menciono la llegada de una suma importante de dinero para que la escuela se encargue de la compra de bicicletas y sean dadas en comodato a los alumnos que vivan lejos de ella y así se puedan trasladar de manera mejor. Dejando de lado el hecho de que, de haber suficientes establecimientos escolares serían muy pocos los alumnos necesitados de tales elementos, la medida en sí demanda una serie de trabajos (relevamiento, contratos, seguimiento) que deberían ser realizados por los equipos sociales del estado y no por el personal escolar. Y eso sin mencionar los posibles (y seguros) fraudes que ocurrirán por el difícil control de todo esto.

Claro que estas medidas traen, como siempre, aparejadas otras que son de suma importancia. En este caso, la inclusión de alumnos dentro de la escuela. El ingreso de personas excluidas durante años representa la oportunidad que tienen los establecimientos escolares para hacer llegar su acción educativa a una mayor cantidad de personas. Y aquí hace falta una aclaración. Conversando con los docentes, lo que más se escucha es lo siguiente: “¿Para qué traen a la escuela a quienes no tienen ningún interés en venir y sólo lo hacen por tal o cual cosa?” Es cierto que las clases se complican cuando dentro un grupo que “no viene a hacer nada” (yo diría que hace cosas distintas a la que estamos acostumbrados), pero eso no implica que se deba nuevamente excluirlos. La medida es buena, lo que es necesario es complementarla con otras que la refuercen (clases más chicas, más profesores o asistentes en el aula, etc). En lugar de quejarnos creo que deberíamos unirnos y luchar porque se implementen esas otras medidas. Si no, volvemos a lo mismo. Como hay muchas cosas que están mal, tiramos abajo las cosas buenas en lugar de preocuparnos por arreglar lo malo; porque, con eso, no se puede hacer nada (otra vez el determinismo fatal).

También tenemos la reforma educativa en pleno proceso de implementación. Mientras algunas materias ven cómo se modifica su carga horaria o sencillamente desaparecen, surgen otras que, en muchos casos hasta se desconoce qué temas abarcan o quiénes están en condiciones de dictarla. Los contenidos se modifican sin orden lógico aparente; incluso sin adecuarse a las nuevas características que presentan los estudiantes y tornándose, además, prescriptivos. Todo esto causa inquietud entre los profesores, “acostumbrados” a enseñar lo mismo a lo largo de los años. Pero ante esta situación lo más conveniente sería evitar la zozobra propia de la incertidumbre y mirarla como una oportunidad. ¿Oportunidad de qué? Pues de replantearse cuáles son los verdaderos fines de nuestra actividad. Si es más importante el dictado de todos los contenidos prescriptos o es mejor dedicar parte de nuestro esfuerzo en lograr producir en nuestros educandos el segundo grupo de conceptos antes detallados. Por otra parte es preciso saber que lo prescripto es tan amplio que solamente un súper héroe sería capaz de desarrollarlo todo a lo largo del año. Otra oportunidad para seleccionar aquello que estimemos realmente importante para que aprendan los estudiantes.

Por último habría que referirse a la propia situación laboral del docente. El año pasado fue un año de ajustes en el que todos sufrimos en nuestros bolsillos el efecto inflacionario. Paradójicamente, quienes nos representan están más que satisfechos con lo alcanzado, sin importarles las condiciones económicas de sus representados, o si éstos tienen que sufrir agotadoras jornadas laborales (que no están contempladas en los estatutos originales) para poder compensar lo que el aumento de precios le corroe. Este año que comienza, esto se acentuará porque los representantes estarán más abocados a ver cómo apoyan al sector afín a ellos que gobierna (y, por qué no, incluso figurar en algún cargo) y seguramente dejarán a sus representados más desprotegidos aún. Como siempre, esto trae consigo una nueva oportunidad: la de plantear la forma en que los educadores logremos, en un ámbito democrático y de unidad, establecer la mejor forma de pelear por condiciones dignas de trabajo; un derecho que tenemos que tener todos pero un deber (el de pelear) que no podemos eludir. De nada vale hablar de fomentar el cambio, la toma de conciencia de que nosotros construimos el mundo a través de nuestras elecciones, si elegimos solamente quejarnos y aprovechar alguna medida de fuerza para descansar de la sobrecarga horaria a la que nosotros mismos nos sometimos. Si nosotros no tomamos conciencia de que tenemos que pelear por nuestros derechos, es difícil que provoquemos una toma de conciencia en los demás.

En este aspecto Freire resulta más que explícito: aprender para enseñar. Aprendamos entonces a defender nuestros derechos, nuestra dignidad como trabajadores de la educación para luego poder enseñar a los educandos a defender los suyos.

Como vemos, los desafíos son muchos y se tornan fuertemente condicionantes en el momento de abrir la puerta del aula y enfrentarse a la clase. Está en cada uno de nosotros el tener presente todos los conceptos arriba vertidos para poder encarar con humildad el difícil pero placentero acto de educar; sin recetas mágicas para aplicar y con la sola ayuda que nos puede dar la humildad y sobre todo el amor hacia lo que hagamos.

Palabras finales

Como cierre del presente trabajo quiero tomar una frase de Freire de su obra Pedagogía de la Autonomía la cual, a mi entender, resume la manera de encarar el acto educativo: “El educador y la educadora críticos no pueden pensar que, a partir del curso que coordinan o del seminario que dirigen, pueden transformar el país. Pero pueden demostrar que es posible cambiar”

Si entramos en el aula pensando lo primero no somos esperanzados sino ilusos, y a la corta o a la larga caeremos víctimas del desánimo y la frustración. No pretendamos cambiar el mundo mientras damos clases; no pretendamos que todos los que nos escuchan y a los que escuchamos aprendan todo lo que nosotros pretendemos que aprendan. Si esta tarea no es posible ni aún en los casos de enseñanzas personalizadas, menos lo será en las condiciones actuales en las que se desarrolla la actividad educativa.

No seamos ilusos, pero sí esperanzados. Tenemos que estar convencidos de que el cambio es posible. Seguramente no podremos inculcar la posibilidad del cambio a todos pero con que una porción, así sea muy pequeña, lo consiga; nuestra tarea estará recompensada.

Ahora sí, abramos la puerta del aula y entremos con humildad y amor para que, actuando con coherencia y respeto hacia los demás y hacia uno mismo, construyamos el camino que nos marca la esperanza.

¡Vamos! Abramos la puerta de una vez, venciendo los miedos y la incertidumbre. Apurémonos, que los chicos, y tras ellos el mundo, nos están esperando.

Autor: Jorge Fernández

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